martes, 17 de enero de 2012

Ómnibus

Ómbinus



En 1971 apareció en México una antología titulada Ómnibus de la poesía mexicana. Su compilador, el poeta y ensayista Gabriel Zaid, no escatimó esfuerzos en reunir una variada y exquisita selección de poemas que, sin duda alguna, ha desembocado en la antología más ecléctica y generosa jamás publicada en México.


En dicha antología, que se ha venido reimprimiendo con el paso del tiempo, se expresa una visión vivificante y tentacular de la poesía mexicana, ya que en ella convive un arcoiris de contrastes: desde refranes, conjuros, trabalenguas, adivinanzas, canciones, poesía indígena, corridos, sátiras… hasta los poetas y los poemas más consagrados de la literatura mexicana teniendo como punto final la poesía de José Carlos Becerra.


De la poesía popular, anónima y callejera, hasta la poesía con nombres y universos propios, Ómnibus de la poesía mexicana es una ventana que nos ofrece un paisaje heterodoxo y abigarrado de la riqueza verbal de un país que ahora lucha por hacer de la palabra el puente que nos devuelva la paz y limpie el horror de la sangre.


Releyendo esta antología en la distancia, puedo adivinar a la gente mexicana intentando ofrecer su mirada hacia un punto que les devuelva la esperanza frente a un presente desolador. La poesía es ( o es que así me lo imagino), en estos momentos decisivos para México, el filamento que resplandece y lucha por deshacer los crueles silogismos de un fuego cruzado que se ha cobrado la vida de más de 45,000 personas en los últimos años. Una violencia extrema que bajo ningún concepto debe aceptarse como estética; si eso ocurre, Baumgarten saldría de su tumba para convidarnos de sus gusanos bellos. Quien funda la estética en dar muerte, y no en una idea sobre la muerte, no es más que un muerto en vida, un vivo e infame cadáver.


Ante el Ómnibus trágico de la Historia, encuentro en el Ómnibus de la Palabra el viaje necesario para reafirmar que, ante la catástrofe, la llama de la poesía debe refulgir como una telaraña de fraternidad entre los hombres. Y es este concepto, el de fraternidad, el que distingue la frontera entre Poesía e Historia, ya que nadie escribe para mal matar sino para bien morir. Y el Quijote razón tenía: quiero morir sabiendo que muero.

No más muertes, no más sangre. Debemos ser más inofensivos que la paz.



o. pirot




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