domingo, 10 de junio de 2012

La religiosidad del azar




La religiosidad del azar

(breve consideración de los encuentros accidentales, y de un supuesto origen azaroso del universo, como cauce trascendental en nuestro insignificante pero valioso devenir)



El azar posee en sí mismo un alto grado de religiosidad. A lo largo de la historia, se ha abusado de este término para desvincularse de cualquier tipo de religión y adentrarse en un supuesto juego pueril en donde el universo parece estar meramente regido por una suerte de laberintos casuales sin ningún halo de trascendencia. El problema real no consiste en saber si todo lo que nos rodea es producto del azar, sino más bien en la forma en que nos apropiamos de este concepto para quitar peso trascendental a nuestra existencia en vez de añadir más misterio e interrogantes.

Mientras que las religiones están sustentadas por sus dogmas de fe y su cosmovisión particular, el azar pareciera ser un fantasma anodino sin personalidad alguna sobre el gobierno del cosmos y, más aún, sobre el de nuestras propias vidas. El azar, sin embargo, está rodeado de un halo religioso que lo convierte, paradójicamente, en una especie de religión. Mientras que las religiones encuentran explicaciones a los hechos mediante su relación con sus respectivos dioses, el azar sólo resplandece bajo una sola premisa: el hecho de que ocurra algo dentro de un número infinito de posibilidades.
Esta simple premisa le da a cada hecho un carácter de singularidad sin precedentes.

Bajo estos términos,  la pregunta fundamental sería: ¿por qué, si existe un número infinito de posibilidades de que algo ocurra, por qué precisamente nuestra historia ha ocurrido de esta y no de aquella otra forma? ¿Y si el azar, ya de antemano, ha decidido por sí mismo cómo sucederán las cosas de aquí hasta el fin de los tiempos  y simplemente nos hace creer que hay otros caminos cuando en realidad no hay otro decurso que el de su determinismo previo?

Sean cuales sean las preguntas que nos hagamos, y sean cuales sean las respuestas que aventuremos, lo cierto es que el azar plantea mucho más problemas filosóficos y ontológicos que cualquier religión; por ello, resulta sorprendente cuando alguien se refiere al azar como un hecho simple sin importancia, y se refugia en él como en un escudo de escepticismo y de pereza conceptual.

Fernando Pessoa decía que: “No haber Dios es un Dios también”. Con ello quiso decir que la vida, concebida a partir de la ausencia de la idea de “dios”, sería igual o mucho más desconcertante  que la vida concebida a partir de la presencia de la idea de “dios”.  Con el azar ocurre lo mismo pero en dirección contraria: La idea de la vida regida por el azar resulta mucho más desconcertante que la idea de la vida regida sin el azar.

Si decimos que el azar es el advenimiento de un encuentro accidental, de un hecho que ocurre porque sí, y si creemos que fue el azar el detonante de todo origen  ¿entonces cómo fue que el azar comenzó a existir cuando no había universo? ¿o nació de la mano de él? Y si el propio azar no se determinó a sí mismo como existencia, ¿quién o qué lo hizo?

La Física Teórica ya se ha encargado de demostrar que las leyes de la física son inmutables y universales. Entonces, el azar deja de ser un mero hecho casual para convertirse en una experiencia causal.

De esta forma, podemos deducir que nada puede ocurrir por el simple hecho de ocurrir, ya que hasta en el azar hay algo de armonía incomprensible. En ese sentido, la idea del azar trae intrínsecamente también una idea de trascendencia, ya que, dentro del infinito, aparecen ciertas leyes o milagros que le dan al tiempo una suerte de música y epifanía. El azar tiene una misión “religiosa” (entendido este término como trascendencia): transformarse en causa o efecto, y es nuestro propio pensamiento el que determina el alcance de dicha transformación. El azar existe, pero dentro de él hay cosas que ocurren por un deseo misterioso y prefigurado, algo parecido al "azar selectivo" al que se refería André Breton. 

El azar es la incubación de una causalidad que está por venir y que responde a la unión accidental de dos fenómenos que se ignoran entre sí pero que de pronto, por un halo azaroso, se ven uno frente al otro, dando lugar a una trascendencia tan hermética como asequible. En realidad todo ocurre por algo, y quizá nunca encontraremos una respuesta, pero al menos habremos hecho de algo casual, algo que ayude a definir o a encausar nuestras experiencias existenciales. Esta transmutación casi imperceptible de la casualidad en causalidad, y de lo insignificante en algo valioso, es lo que mantiene en armonía al universo. 

Dentro de este impulso, cada uno puede relacionarse y encontrar su desciframiento dentro de la religión más incomprensible y seductora de todas: la religión del azar.


o. pirot


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