jueves, 18 de octubre de 2012

Esbozo cruel sobre una elegía inoportuna


Esbozo cruel sobre una elegía inoportuna



1988, el día no importa, importa tu ausencia y la guadaña de la Muerte. Llovía y yo tenía ocho años disfrazados de diluvios. Estaba adentro de un coche y en la ventanilla la lluvia me inmovilizaba con sus clavos. Apenas un Cristo empañado entre flores de sangre. Así acudí a tu entierro. Las gotas desfiguraban tu inmersión en la tierra. Los pájaros volaron con un rumor de Stravinsky. Esa gaviota de fuego deshizo mi vida entre tus restos de alcohólico. Eras así. Un cuervo herido volando sobre las espinas del sexo no deseado. Fuiste la víctima empapada de una orfandad siniestra. No culpo a nadie. Más bien agradezco que fueras el hilo en el que hilvané mi madriguera llena de tortugas y conejos y  caballos invisibles. Pero es necesario que sepas que en estos días he hecho de tu tumba una memoria que en mí renace. Me confundo contigo en este mundo que no entiendo aunque amo sus libélulas fecundas. Te he visto, te me has presentado en forma de nadie,  en esa fotografía que en mi espejo se suicidó delicadamente y que cae y equilibra la marea del corazón... Te he envuelto en la cruel y mancillada sábana del tiempo. Tengo tu Biblia, tus monedas, tus libros, tu reloj, tus caminatas desde el Zócalo hacia el Templo de tus Delirium Tremens. No supiste decir "no" a la última copa que te guardaba la Muerte. Pero es que la Muerte no sabía que tú eras el trago más bendito. Y así te bebió con sus ínfulas de Musa Pedante. Diciendo que tú te ibas con Ella. Pero yo le respondo a la Muerte: eres una cobarde. El día que quieras, Muerte- te espero, y ese día te mataré con tu mismo aliento y rezarás para que en mí renazca tu padre, aquél mismo que has matado y que, ignorante, no sabías que era también el árbol mío.

o. pirot (inédito, otoño 2012)



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