lunes, 4 de marzo de 2013

El agua simple del río






Beber el agua simple del río. Dejarse fluir en las formas
que arrastran la corriente. El rostro diluido
bajo la claridad de las algas. Encontrar la carne
flotando sin fronteras. El agua dice lo que la espuma nombra.
Ser el reflejo que rompe las agujas
de los abismos de corales y coágulos. ¿Mar o Río?
Agua que no contiene paisajes sino el fantasma
de sus cálidas heridas. Lluvia anclada en la horizontal
llaga del horizonte. Agua, agua simple, agua de todas
las brujas y sus bolas de fuego. Piedras como soles de agua
al fondo de las arrugas de los náufragos. Naufragar en Heráclito
y su nunca bañarse en las mismas babas del tiempo. Diógenes
dejando el cántaro en la mueca del niño que levanta
la transparencia entre sus manos. Agua, beberse entera el agua
de los siglos en un vaso. Soy el sorbo de la vida, el eructo
de la muerte tras tantas cascadas de dolor. Avanzo porque
permanezco, me mantengo inmóvil porque avanzo.
Las flemas, la tos, la sangre, el hígado, el alcohol,
el esfínter hiriendo con sus meandros la noche y todo por nada.
Beber el agua y degustar en ella la lucidez.
Esconder las botellas en el armario y soportar
la marea del miedo. Ya no quiero los peces podridos
sino el barco de la luz sobre los ojos. Aquí nos ahogamos
en las fisuras de la mar en calma. Ser por siempre el agua,
el agua simple de un río que roza el canto
de las nubes llorando lluvias.
Ser como el fluir de los astros. No necesitar del ámbar
para poblar la carne de medusas. Ser, ser el agua simple
del río. Y en él bañarme siempre
como una escultura recién bautizada en cada
ola del río y del mar sobre el puerto
de mis propias páginas.



2 comentarios:

  1. :) barco de luz sobre los ojos...

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  2. Hola Lidia! Espero verte pronto y disfrutar de tu poesía ukelele, bs!

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