domingo, 31 de marzo de 2013

Para que el muerto no se duerma




Para que el muerto no se duerma hay que tomar café en los velorios. Hay que sorber el insomnio en la nochecita redonda de la taza. Soplar si el agua quema la boca. Pero beber café para que el muerto no se duerma. Que los cirios mantengan encendido el muladar de los ojos. Llenarse de cafeína hasta que el alba aparezca con su vestido nupcial. Que el muerto no duerma hasta que llegue su novia. Que lo encuentre despierto y bien vestido. Con una leve sonrisa en medio del carnaval sonámbulo. Que en su festín de partida el muerto no duerma sino que baile inmóvil como un árbol. Que no se duerma el muerto. Tomar café. Velar el féretro. Y hablar en voz baja para que no se despierte de su no estar dormido el muerto. Guardar la compostura y no gritar ni golpear las paredes. Aceptar que el muerto ya es de nube. Sentir que la sangre se va acostumbrando a la desaparición de las olas. Pero que no se nos duerma el muerto. No vaya a ser que si se duerme luego ya no quiera irse y se quede tan campante custodiando el jardín de la música. Mejor que ni se duerma. Ya tendrá todo el tiempo del mundo para usar la niebla como almohada. De momento hay que seguirlo velando. Y darle el gusto de tampoco dormirnos para regalarle el sueño de esta última vigilia.


2 comentarios:

  1. Perfecto poema en prosa.
    Velar la vigilia del muerto para no morir en su lugar, para desmorirse en lugar del otro, acompañarle en el umbral a través de los velos de la niebla, de la irrealidad del viaje en la frontera de dos mundos.

    Noel Olivares

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  2. Muchas gracias Noel por tu comentario e indagación, me han encantado, te mando un saludo grande!

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