domingo, 31 de marzo de 2013

Para que el muerto no se duerma




Para que el muerto no se duerma hay que tomar café en los velorios. Hay que sorber el insomnio en la nochecita redonda de la taza. Soplar si el agua quema la boca. Pero beber café para que el muerto no se duerma. Que los cirios mantengan encendido el muladar de los ojos. Llenarse de cafeína hasta que el alba aparezca con su vestido nupcial. Que el muerto no duerma hasta que llegue su novia. Que lo encuentre despierto y bien vestido. Con una leve sonrisa en medio del carnaval sonámbulo. Que en su festín de partida el muerto no duerma sino que baile inmóvil como un árbol. Que no se duerma el muerto. Tomar café. Velar el féretro. Y hablar en voz baja para que no se despierte de su no estar dormido el muerto. Guardar la compostura y no gritar ni golpear las paredes. Aceptar que el muerto ya es de nube. Sentir que la sangre se va acostumbrando a la desaparición de las olas. Pero que no se nos duerma el muerto. No vaya a ser que si se duerme luego ya no quiera irse y se quede tan campante custodiando el jardín de la música. Mejor que ni se duerma. Ya tendrá todo el tiempo del mundo para usar la niebla como almohada. De momento hay que seguirlo velando. Y darle el gusto de tampoco dormirnos para regalarle el sueño de esta última vigilia.


lunes, 25 de marzo de 2013

Sospecha





: en la semilla brotan fisuras,
ojos donde se anuncia
el árbol invisible todavía.

: en el silencio brotan ventanas,
pupilas por donde trepan
las hiedras de una voz sin nombre.

: silencio y semilla,
 entre sus grietas se sospecha una mirada.




sábado, 9 de marzo de 2013

La poesía en donde no (2)




Este año 2013 me he propuesto hacer un pequeño experimento literario al mes. El experimento no es, ni de lejos, algo arriesgado; todo lo contrario, no pretendo con él ir hacia el riesgo sino más bien hacia lo cotidiano. A este experimento lo he titulado “La poesía donde no” y consiste en, mensualmente, escoger una fuente que nada tenga que ver directamente con la literatura, y extraer de ella hallazgos literarios. 

El mes de enero lo dediqué a buscar en las noticias encabezados que me sugirieran títulos para obras literarias.

A continuación presento el mes de febrero:

2) Febrero: utilizar el lenguaje del "hombre del tiempo" y crear un poema.

La fluidez y el vocabulario que utilizan todos los que diariamente nos diagnostican el tiempo, me produce fascinación debido a que percibo una energía verbal que no me deja indiferente. Los conceptos y la forma en que se hilvanan parecieran estar dándome indicios de un poema escondido entre los mapas y sus descripciones temporales.

En febrero me dediqué a ver en la tv a diversos "hombres del tiempo" e iba anotando el vocabulario que me sorprendía. A continuación, muestro algunas de las palabras de ese vocabulario y luego un poema escrito muy recientemente que está inspirado en dichas palabras.


Vocabulario:

Nubosidades
Frente frío asociado
Profunda Perturbación
Ciclogénesis Explosiva
Profundísima Borrasca
Chubascos Residuales
Cota de nieve
Las olas no dejarán de ser enormes



POEMA: 
Descripción de un microclima



Mi habitación es un desierto lleno de nubosidades,
soledad anclada en la cota de nieve que deja el calor de mi cuerpo.
Una profunda perturbación despierta de vez en cuando a los demonios
y lucho contra ellos como una vela rodeada de chubascos residuales.

Las pinturas, las estatuillas de dioses prehispánicos,
la ropa llena de noche, los libros, la memoria escurriendo
por las paredes, la almohada infestada de libélulas y la cama individual
del tiempo, me revelan que las olas de la vida
nunca dejarán de ser enormes. 

A veces me quemo en las llagas de un frente frío asociado,
y el corazón se me sale de la boca
como una ciclogénesis explosiva que mancha
las sábanas con su enjambre de sombras.

Mi habitación es pequeña pero cargada de una
profundísima borrasca de letras y silencio.
Cuando el cielo quiere entrar, le abro la ventana
y mancha con alerta roja los golpes de calor
que se quedan boxeando en mi piel.

Habito un microclima desértico,
pero la sangre sabe sembrar
estrellas en medio del abismo.





lunes, 4 de marzo de 2013

El agua simple del río






Beber el agua simple del río. Dejarse fluir en las formas
que arrastran la corriente. El rostro diluido
bajo la claridad de las algas. Encontrar la carne
flotando sin fronteras. El agua dice lo que la espuma nombra.
Ser el reflejo que rompe las agujas
de los abismos de corales y coágulos. ¿Mar o Río?
Agua que no contiene paisajes sino el fantasma
de sus cálidas heridas. Lluvia anclada en la horizontal
llaga del horizonte. Agua, agua simple, agua de todas
las brujas y sus bolas de fuego. Piedras como soles de agua
al fondo de las arrugas de los náufragos. Naufragar en Heráclito
y su nunca bañarse en las mismas babas del tiempo. Diógenes
dejando el cántaro en la mueca del niño que levanta
la transparencia entre sus manos. Agua, beberse entera el agua
de los siglos en un vaso. Soy el sorbo de la vida, el eructo
de la muerte tras tantas cascadas de dolor. Avanzo porque
permanezco, me mantengo inmóvil porque avanzo.
Las flemas, la tos, la sangre, el hígado, el alcohol,
el esfínter hiriendo con sus meandros la noche y todo por nada.
Beber el agua y degustar en ella la lucidez.
Esconder las botellas en el armario y soportar
la marea del miedo. Ya no quiero los peces podridos
sino el barco de la luz sobre los ojos. Aquí nos ahogamos
en las fisuras de la mar en calma. Ser por siempre el agua,
el agua simple de un río que roza el canto
de las nubes llorando lluvias.
Ser como el fluir de los astros. No necesitar del ámbar
para poblar la carne de medusas. Ser, ser el agua simple
del río. Y en él bañarme siempre
como una escultura recién bautizada en cada
ola del río y del mar sobre el puerto
de mis propias páginas.